EL MARQUÉS DE LA ENSENADA Y EL ÚLTIMO SEÑORITO


En el momento de elegir cuál había de ser la etiqueta de nuestros vinos teníamos algunas cosas claras y otras no tanto.


El nombre y el oficio son las señas de identidad, ha de estar en lugar principal y ha de contar lo que te vas a encontrar cuando descorches.


Para la imagen teníamos claro que es un vino muy de su tierra. Es Castril, es Sierra, es frontera, es caliza, es Río. Entonces llegó la sugerencia de un artista local y amigo. Nos dejó un pequeño libro. Utilizad el mapa que se realizó en 1754 para el Catastro de Ensenada. Acertó de pleno, ahí estaba todo: El Pueblo, la Iglesia, el Castillo, el Río atravesando la Peña, los nombres que continúan: el Ángel, la Caveza, Beracruz.



Para cerrar el círculo los cultivos que rodean el dibujo del pueblo. En un primer momento los tomamos por olivos. Era lo lógico, en Castril lo que siempre ha habido es olivo. ¿Era lo lógico? ¿Siempre olivo?


En las seis mil fanegas de tierras de sembranza que se declararon en 1754 se citan no sólo vides de uba también un mil vides de viña y su producto tenerse por qatorze arrovas de mosto [..] Cada arrova de mosto qatro reales.


Por tanto, sí, en Castril se cultivó la vid y se hizo vino, más allá del consumo particular, probablemente hasta la epidemia de filoxera de finales del siglo XiX. Ahí teníamos un empujón, un guiño, una certeza de la historia hacia nosotros, siempre creyendo en la raíces y en la tierra.


Ultimo Señorito recoge esa tradición centenaria y le gusta pensar que hace de puente con el presente.



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